Académica de la U. de Concepción desarrolló un tratamiento para los pacientes contagiados con este virus pero no ha logrado conseguir los recursos para terminar la investigación.


Si hoy una persona se contagia con el virus Hanta, no hay certeza respecto de la evolución de su enfermedad. Tampoco de su sobrevida. El año pasado una veintena de personas murieron a causa del “síndrome pulmonar por hantavirus”. Esta situación es motivo de frustración para María Inés Barría investigadora chilena, actualmente académica de la Universidad de Concepción. ¿La razón? Tras años de trabajo, junto a su grupo desarrollaron una vacuna terapéutica que en el laboratorio y en modelo animal, ha sido efectiva en el control de la enfermedad, pero no tienen el apoyo económico para seguir avanzando. “A veces pienso en pedirle el dinero a Farkas o a Luksic, como una manera de convencer a alguien que tenga los recursos para que nos financie la parte de la investigación que nos falta”, dice. La frustración y la rabia a veces es tanta que se cuestiona haber vuelto a Chile a trabajar.

Es madre de dos hijos pequeños, es investigadora del Centro de Biotecnología y académica de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad de Concepción. Hizo su pregrado de Ciencias Biológicas en la UC, su doctorado en Ciencias con mención en Microbiología en la U. de Chile y sus postdoctorados en la U. de Pittsburgh y en Escuela de Medicina de Mount Sinai (Estados Unidos). Trabajó en nuevos protocolos para aislar anticuerpos del virus influenza y en los mecanismos de transmisión de otros virus, como el VIH y hepatitis C, entre otros.PUBLICIDAD

Junto a su esposo estuvo seis años estudiando en Estados Unidos. “Cuando estaba en Nueva York, era el boom de los anticuerpos humano para tratar VIH. Entonces en Mount Sinai se les ocurre aplicar esta tecnología a enfermedades infeccionas”, dice. Fue entonces cuando se le ocurrió investigar el uso de anticuerpos humanos contra el virus hanta como tratamiento específico, algo que hasta el día de hoy no existe. Era el año 2011.

Comenzó a desarrollar la idea teórica y se vino a Chile, porque son su marido (bioquímico e inmunólogo) que también participó en la investigación al inicio, querían que sus hijos nacieran cerca de la familia.

“Para estudiar este tipo de virus se necesitan laboratorios con cierta categoría de bioseguridad. Algo que no teníamos acá. Generamos set de herramientas experimentales para trabajar en forma segura, herramientas reactivas, nos tomó mucho tiempo. El infectólogo Mario Calvo nos ayudó a reunir muestras de sangres de pacientes que se infectaron con el virus, que lograron crear sus propios anticuerpos y sobrevivieron”, señala.

Barría nació en Puerto Montt por lo que siempre supo de este virus, de la enfermedad que genera y lo difícil de su evolución. Su trabajo consiste en un anticuerpo monoclonal. Cuando una persona se contagia con un virus, el sistema inmune lo detecta y genera anticuerpos para destruirlo. El grupo que dirige Barría estudió los anticuerpos de los sobrevivientes y de ellos seleccionó dos moléculas que ayudan al paciente enfermo a combatir el virus.

“Es una vacuna terapéutica, un tratamiento. Son anticuerpos que van directamente a controlar el virus, no necesitamos que el sistema inmune reaccione al virus, se le entregan las herramientas, directamente”, explica la investigadora.

Pero no ha podido realizar las pruebas en humano. Para eso requiere fabricar estas vacunas y en Chile no hay un laboratorio capacitado para hacerlo. Deben ser fabricadas en Estados Unidos. ¿Cuánto necesita? 1,5 millones de dólares para hacer mil dosis. “No es tanto dinero si se considera que se pueden salvar vida y que hoy, muchos de los pacientes pasan por UCI y varias terapias y equipos complejo que solo le dan más tiempo para que el propio organismo intente responder, pero no siempre lo hace bien y mueren”.

El año pasado consiguió una reunión con el exsubsecretario de Salud, Jaime Burrows, pero sin resultados. Este año, ha tenido comunicación con el ministro de Salud, Emilio Santelices, pero todavía no concretan nada en lo económico.

“No sé si es rabia o frustración. Me pregunto por qué me devolví. Es paradójico porque nos vinimos porque acá está la familia, porque si queríamos trabajar en Hanta, es acá donde el virus genera problemas. Pero estando acá es difícil. Tenemos ayuda de Fondef, Conicyt, Fondecyt, pero ahora que nos estamos acercando a las pruebas en humanos, suben los cotos y no tenemos cómo hacerlo. Empresas de Estados Unidos nos han apoyado y permitido llegar a dónde estamos. Quizás si se tratara de otra infección, que afecte a más personas…. Ahora que tenemos la solución, no podemos seguir avanzando y no es porque la ciencia no funcione sino por dinero y como son pocos casos, a los privados no les interesa y parece que la Estado tampoco”, concluye.

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