El centro de la UdeC, que ya ha realizado 11 estudios, impulsa la equidad y el acceso a herramientas terapéuticas a un costo asequible a cualquier persona.

Las amplias diferencias de precios de medicamentos, que reveló recientemente un estudio del Sernac, al comparar los de marca con bioequivalentes y genéricos que, en casos como el Omeprazol, usado para problemas gástricos, es de hasta 32 veces mayor, deja en claro que es necesario impulsar investigaciones para que más fármacos tengan una versión bioequivalente al alcance de la comunidad.

“El problema de los precios de los medicamentos es que son considerados un bien de consumo y no como un bien de salud pública”, afirmó Jorge Fuentealba, director técnico del Centro de Investigaciones Avanzadas en Biomedicina, Ciab, de la Universidad de Concepción, acreditado para realizar estudios de bioequivalencia.

Fuentealba, quien, además, es vicepresidente de la Sociedad de Farmacología de Chile, Sofarchi,aseguró que la regulación al alza que realiza el mercado en Chile genera inequidad, pues elimina el acceso a herramientas terapéuticas necesarias para mejorar una condición patológica.

“Si un médico recomienda a una persona vulnerable Panadol Jarabe, cuyo valor es de $18.000, lo más seguro es que no lo compre, porque con ese dinero puede vivir dos semanas, pero, en cambio, si le dice que hay un bioequivalente, igual al otro, garantizado por el Estado, que sólo cuesta $800, le da acceso y oportunidad para tratar una patología y resolverla”, dijo.

Por ello, Fuentealba, que también es director del departamento de Fisiología de la UdeC, aseguró que es necesario que exista un apoyo transversal a la bioequivalencia como política pública, pues contribuye a una mejor salud y asegura que las personas, independientes de su poder económico, puedan adquirirlos.

El Ciab, que hace nueve años está acreditado por el ISP para determinar bioequivalencia en personas, y que es el único centro universitario facultado para ello, ha realizado 11 estudios de antiinflamatorios, hipocolesterolémicos, diuréticos y algunos antipsicóticos, que otorgan una diferencia sustancial en precio. “El ibuprofeno lo comparamos con el original, llamado Motrin del laboratorio Pfizer, con un valor del orden de $45.000 y el ibuprofeno, mismo comprimido, certificado por nosotros, vale $800”.

Destacó que las investigaciones en bioequivalencia que realizan en el Hospital Regional, apoyados por la unidad de investigación, permiten entregar un estándar de calidad clínica superior a los fármacos analizados. “Esto es un hito en regiones, porque llevamos nueve años apoyando una política pública de esta magnitud, desarrollando estudios a nivel global, auditados por agencias internacionales de los que salimos victoriosos (…). Esto pone de manifiesto que la Universidad de Concepción tiene un rol social y público en materias como la bioequivalencia”.

Bajo interés

Durante el segundo período del gobierno de Bachelet hubo un bajo interés por impulsar la bioequivalencia, lo que disminuyó la posibilidad de estudiarla y desarrollar nuevos fármacos, principalmente, por el costo que implican, cercano a los $50 millones.

Si bien Fuentealba se reunió hace algunos meses con el ministro de Salud, Emilio Santelices,buscando apoyo para realizar nuevos estudios, aún no existen respuestas claras, nuevamente la piedra de tope serían los recursos.

Lo mismo sucede con los laboratorios, aunque a su juicio, también se debería a una falta de visión, a pesar de que la inversión les permitiría vender en toda Latinoamérica, zona en que el ISP es un ente reconocido.

Ahora bien, Fuentealba cree que en el momento que el Estado decida que los centros de atención primaria tengan la obligación de contar con bioequivalentes, surgirá un mayor interés en los laboratorios, pues tendrán certificación.

Recalcó que se requieren estudios de bioequivalencia realizados en la población chilena, por tema de constitución genética y que sean orientados a “todo el arsenal terapéutico de los hospitales, considerando los de mayor uso como: antiinflamatorios, antihipertensivos, antidepresivos, antidiabéticos y todos los necesarios para las enfermedades crónicas”.

Para el profesional existe un horizonte de 20 años para que el país logre certificar la bioequivalencia de todo el arsenal médico. “Hasta el momento debemos tener del orden de una 150 moléculas analizadas y deberíamos llegar a las 400”.

Eso sí, dichos análisis no cubrirían medicamentos de vanguardia o las llamadas terapias biológicas, que están desarrollando los laboratorios, por ejemplo, para tratar distintos tipos cáncer. En ese sentido, a su juicio, debería existir una normativa que permitiera al estado subsidiarlos.

Ante el panorama actual y la necesidad de generar más medicamentos bioequivalentes, para diferentes patologías, realizó un llamado al Gobierno para que fortalezcan las capacidades instaladas en Chile para desarrollar estudios y formar profesionales especializados en el área. “Eso va a ayudar a que instituciones como la Universidad de Concepción sigan apoyando las políticas públicas”.

Agregó que la comunidad debe elegir los bioequivalentes, porque detrás de ellos hay una institución que hizo un estudio y está el Estado que lo certifica.

 

Publicado el 13 de diciembre de 2018
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